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  Medium, 2013  
  Instalación con grabados sobre cuero de vaca y objetos.  
  Dimensiones variables  
  Galería Otero  
     
     
   
  Saturno  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  239 x 100 cm.  
     
     
     
   
  Saturno  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  239 x 100 cm.  
     
     
     
   
  Saturno (Detalle)  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  239 x 100 cm.  
     
     
     
   
  Sarah  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  213 x 100 cm  
     
     
     
   
  Sarah (detalle)  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  213 x 100 cm  
     
     
     
   
  Sarah (detalle)  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  213 x 100 cm  
     
     
     
   
  Sarah  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  213 x 100 cm  
     
     
     
   
  Árbol genealógico  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca, cadena y palo de hierro  
  160 x 100 cm  
     
     
     
   
  Árbol genealógico (detalle)  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca, cadena y palo de hierro  
  160 x 100 cm  
     
     
     
   
  Árbol genealógico (detalle)  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca, cadena y palo de hierro  
  160 x 100 cm  
     
     
     
   
  Vista de la exhibición  
  Dimensiones variables  
     
     
     
   
  Vista de la exhibición  
  Dimensiones variables  
     
     
     
   
  Animales y rosas (detalle)  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  204 x 97 cm.  
     
     
     
   
  Animales y rosas (detalle)  
  Grabado y pintura sobre cuero de vaca  
  204 x 97 cm.  
     
     
     
   
  Caño  
  Pintura y metal  
  62 x 41 cm  
     
     
     
   
  Columnas  
  Yeso pintado y esgrafiado  
  Dimensiones variables  
     
     
     
   
     
     
     
 

Laura Códega en Otero, por Guadalupe Chirotarrab
Diciembre de 2013


Un escorpión hincó su aguijón en el pie de Laura. El veneno le causó alucinaciones que la impulsaron hacia
las profundidades del océano. Al igual que a Jonás, el profeta de Yahveh, allá abajo se la tragó una ballena en
cuyo vientre permaneció durante tres días y tres noches; el cetáceo la vomitó en una orilla y, entre la espuma
del mar, renació desdoblada en seres que ahora integran el mundo delirado que se exhibe en Medium.
Laura Códega construye una cartografía híbrida sobre la condición humana y agita relaciones entre símbolos
ancestrales con un ánimo insolente. Arquetipos, alegorías religiosas y seres mitológicos levitan entre
alusiones que van del helenismo al new age con la frescura de una brisa seapunk que sopla sobre la región
pampeana. En trozos de cuero pirograbados y pintados en tintas, Códega despliega y repliega anatomías
épicas. Dos siluetas antropomorfas estructuran escenas rodeadas por especies animales, demonios, figuras
fantasmales y motivos propios de un catálogo de tatuajes old school. Sus atmósferas son humosas aunque
los perfiles se hacen nítidos en las hendiduras del pellejo quemado.
En el eje de la figura humana, una sucesión vertical de colores brillantes corresponde con la posición de los
seis chakras hinduistas. Sus efectos resuenan en el cruce de esos centros energéticos con órganos
dislocados. En donde se ubica el plexo cardíaco se ve un tejido de testículos semicubierto por un pecho
femenino. En la zona intestinal, un nido parece enmarañar la energía sexual que suministran los genitales
ocultos tras un racimo de uvas. Códega interpela las concepciones morales. Lo que persiste oculto por la
vergüenza se fuga en la exhibición de protuberancias descarnadas bajo mutaciones genéticas. La
dependencia de un neonato en equilibrio entre las rodillas del cuerpo delata una humanidad vulnerable
transitando un estadio infantil de su historia. El pie que se posa sobre un corazón sangrante afianza la
integridad del ser sobre la experiencia del dolor.
En una mitología sincrética, Códega propone su ordenamiento cósmico. La sabiduría y la tierra representadas
por la serpiente, la fortuna y las fantasías lisérgicas que derivan de una rana flúo o la fuerza brutal de un oso
enfurecido se releen entre una silueta en posición de loto, el símbolo del dólar, el sagrado corazón de Jesús y
un rostro anciano sin ojos, ni boca imaginado como un agujero negro. En la oscuridad hitchcockiana del árbol
poblado de aves rapaces emerge el comportamiento comunitario; entre la belleza, el espanto y el conflicto de
la coexistencia.
Códega intenta llegar al intelecto por una multiplicidad de sentidos deformes para preservar un conocimiento
sagrado y personal que construye por añadidura y con humor. Es una profeta de la imaginación. Hace mapas
auráticos de lo humano desde una osadía narrativa y estética poco frecuente en las bateas del arte
contemporáneo. Su visión es más esperanzadora que apocalíptica.
No es casual encontrar una producción heroica en una artista que comenzó su trabajo ininterrumpido a los 7
años. Códega cuenta con un caudal de proyectos inéditos que exhibe a un ritmo desatento a la voracidad del
sistema. Pinta con limón y bananas, escribe poesía científica, trabaja con un colectivo en la villa 31, se
apropia de un espacio público abandonado para gestionar una galería de arte, dibuja con fuego y filma
películas clase b con el ímpetu de quien horada su propio camino sin descansar en las convenciones del
andar artístico. Sus acciones se erigen sobre el desconcierto. Renuncian a lenguajes condescendientes para
no renunciar a su propia naturaleza. Y así graban sus sentidos en nuestras pieles.

 
     
 

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